jueves, 7 de febrero de 2008

Feliz Año, Ratita

De pequeña solo conocía una fiesta de fin de año: la de las campanadas comiendo uvas. Luego conocí la fiesta de año nuevo árabe. La embajada libanesa, alquiló parte de un restaurante árabe, donde coincidió que estaba cenando. Nos invitaron a pastelitos de pistacho y miel. Me atiborré.

Tiempo después celebré el Año Nuevo Chino en la plaza de Lavapiés entre dragones y cohetes. Pusieron una gigantesca pantalla digital en medio de la plaza de Cabestreros, conectada a la televisión de Pekín, para seguir en directo la celebración del Año Nuevo Chino. Allí estaba el embajador chino: Qiu Xiaoq con micrófono en mano hablando en chino y en un español sin erres ni eñes.
El origen de la Fiesta del Año Nuevo Chino, se remonta a la antigüedad. Una de las leyendas más famosas es la de Nien, en la que se relata que una bestia muy feroz y cruel, se comía a las personas en la víspera del Año Nuevo. Para evitarlo la gente empezó a pegar coplas en papel rojo en las puertas de las casas. Y como la bestia tenía miedo del fuego, y de los fuertes ruidos. Los chinos encendían farolillos rojos, y lanzaban petardos durante toda la noche para ahuyentar al monstruo.

Hoy el barrio de Lavapiés, el barrio “chino” de Madrid, vuelve a estar de fiesta. Este barrio poco tiene que ver con ese Lavapiés gris que recuerdo de pequeña. Un barrio de pisos pequeños y baños comunitarios. Donde vivían o más bien sobrevivían ancianos. Luego se animó con la llegada de parejas jóvenes que buscaban un alquiler barato en el centro de Madrid. Antes del boom de la inmigración, solo conocía dos personas negras: mi compañera de instituto Olga y el amigo de mi hermano, Raúl. De a poquito el barrio se fue llenando de inmigrantes: dominicanos, árabes, senegaleses, chinos, indios. Y con ellos fue desapareciendo el mundo grisáceo de Lavapiés. Mi peluquería empezó a ser “Miss”, regentado por dominicanas que me depilaban entre música de salsa y telenovelas colombianas a todo volumen. Después de la depilación, con las piernas a rojo vivo, me echaban colonia. Pa cerrar los poros, mi amor- me decían. Los amigos nos reuníamos en las teterías árabes, donde siempre caía un pastelito de miel. Y un sábado si y otro también cenábamos tikka masala, rollito de primavera, kebab o pulpo a la gallega.

Pero este año, por segundo año consecutivo no se ha celebrado el desfile del Año Nuevo Chino en Lavapiés. La razón no está muy clara, unos hablan de desacuerdos entre las asociaciones de comerciantes y de vecinos y otros culpan al Ayuntamiento. Total, que el dragón rojo anda suspirando por ver la luz el año que viene.
Feliz 4706, ratita.

5 comentarios:

Enrique Páez dijo...

Pues a mí sí me gusta lo que escribes, así uqe te leeré dos veces.
Besos,
Enrique

Anónimo dijo...

Pues no sé si será verdad, pero he leído en otro blog q no les convenía q se celebrase en MAdrid para q no hubiera quejas de la última propuesta de contrato a inmigrantes de Rajoy

Alvaro

Anónimo dijo...

Feliz 4706?
Yo es q me rijo por el calendario judío y estoy en el 5768....

Feliz Año, Cacereños

Álvaro

Bea dijo...

Hola Álvaro, bienvendio al blog. Me creo que haya sido esa la razón, como podría ser cualquier otra. Es una pena que no se haya celebrado.
Feliz año para vosotros también.
Besos a los dos.

Emilio dijo...

JODER JODER JODER!!!
No veas las ganas que tenia de conocer a una persona del futuro. Alvaro cuentame como es el futuro...
Tengo un monton de preguntas, es verdad que los coches no existen y nos teletransportamos? Rajoy sigue queriendo ir de presidente? Cuantos trillones de € cuesta una casa?
Hasta que pais llega el Metro de Madrid?

Espero impaciente tu respuesta y mandes foto del año 5768.
Un saludo blogeros...