miércoles 18 de noviembre de 2009

Presentación de la Red Internacional de Cuentacuentos (RIC) Mañana jueves 19 nov. 12h. Lugar: FNAC (Madrid-Callao)




domingo 1 de noviembre de 2009

Entrevista en Artez por Virginia Imaz

Gente de palabra: Entrevista a Beatriz Montero
(Artez, Revista de las Artes Escénicas)

“Un verdadero narrador está abocado o condenado a contar historias”

Doce prestigiosos narradores orales y escritores de diez países diferentes coordinados por Beatriz Montero y Enrique Páez han decidido juntar sus voces y su experiencia profesional para lanzar la Red Internacional de Cuentacuentos. Estos nuevos juglares entre los que se cuentan escritores, catedráticos, traductores, periodistas, ilustradores, filólogos, artistas plásticos y actores han tomado por asalto los foros y las webs de Internet para demostrar que la palabra puede y debe traspasar todas las fronteras.


¿Qué es contar para ti? Contar es romper fronteras, comunicar, tender puentes, relanzar la imaginación, recorrer mundos con la palabra, acercarse a distintas culturas a través de sus historias. Contar, ahora igual que hace 30 siglos, es estrechar los lazos entre las personas y los pueblos, diseminar la cultura y abrir la mente a otros mundos.


¿Cuánto tiempo llevas contando profesionalmente? Beatriz Montero lleva ya quince años dedicada en exclusiva a la narración oral. Poco después de terminar la licenciatura de Filología Inglesa empezó a contar cuentos para niños y adultos al tiempo que estudiaba Arte Dramático. Son varios cientos de escenarios con formas variadas: teatro, biblioteca, aula, festival, plaza, hospital o cárcel.


¿Cómo comenzaste? Hay, como en tantos casos, orígenes familiares que ayudan y potencian la vocación del cuentacuentos. Mi abuelo nos contaba cuentos a todos los niños del pueblo, en verano, a las puertas del Mercado. Luego fue mi padre el griott de la familia, y yo he heredado esa vocación, pero ya desde el mundo profesional. Un día escuché por primera vez a una contadora profesional, la cubana Mayra Navarro, y decidí que ese iba a ser mi oficio en el futuro. Hay revelaciones que te llegan como un descubrimiento largamente esperado. Este es uno.

¿Una narradora nace o se hace? Un narrador o una narradora se hace. Definitivamente. Nadie sabe hablar al nacer, de modo que es difícil nacer sabiendo cómo contar cuentos. Qué parte de la genética, los cromosomas y el ADN intervienen en las capacidades y desarrollo de un narrador es difícil de calcular, porque al mismo tiempo que se puede decir sin que exista sombra de duda que un narrador se hace, aprende el oficio, ensaya y mejora con el tiempo a través del aprendizaje, también es verdad que un verdadero narrador está abocado o condenado a contar historias, de un modo u otro. Quizá está premiado con ese don, y no condenado por él, eso dependerá de cómo entienda e interprete su vida. Un narrador auténtico cuenta historias a través de la palabra, y si nace mudo lo hará a través de la música, y si además de mudo es sordo, entonces contará sus historias a través de la pintura o de la escritura.

¿Es posible formarse para contar? ¿Cómo debería ser esa formación? Se puede y se debe formar para contar cuentos, al menos desde el punto de vista profesional. Para contar cuentos a tus nietos no será necesario, porque lo que escasea en técnica se suple con la afectividad y el cariño. Todos los hijos, hijas, nietos y nietas disfrutan doblemente de los cuentos que les cuentan sus padres y abuelos, porque además de la historia con la que disfrutan, hay un cariño que se trasmite a través de esa contada en el mismo momento en que se cuenta el cuento. Eso está bien que sea así, y que sigua sucediendo generación tras generación, sin reglas ni imposiciones.


¿Para quién prefieres contar? (Edades, espacios, idiomas).Para todos, pero por partes. Me explico: me gusta contar para niños de cuatro a siete años, pero junto a ellos no deben estar sentados otros de 10 a 13 años, porque pertenecen a mundos y repertorios diferentes. Me gusta contar para bebés de 0 a tres años, y con ellos tiene que estar el padre, la madre, un tío o una abuela; un familiar cercano. Son cuentos especiales, con música y estructuras repetitivas muy concretas que funcionan incluso con bebés que aún no saben hablar. Pero esos cuentos no pueden ser contados a un público adolescente. Cada edad tiene su cuento. Aunque existen también, inevitablemente, contadas familiares, donde hay público de todas las edades mezclados en la plaza del pueblo, o en un Festival. Para esos espectáculos también hay un repertorio especial.

¿Qué tipo de historias prefieres contar? (De tradición oral, de autor, propias, mitológicas, de humor?). De todo un poco. Nuevamente sucede que en la variación está el gusto. Hay narradores que cuentan sólo para niños, o sólo para adultos, o sólo para mujeres. Eso no está ni bien ni mal: son opciones, y que el abanico sea más o menos amplio no necesariamente tiene que estar acompañado de mayor o menor calidad. Variar de registros al contar frente a distintos auditorios es un privilegio que algunos narradores tenemos y disfrutamos. Algo parecido imagino que le pasa a los actores. Lo importante es disfrutar contando cuentos, porque eso se trasmite al público, y a partir de ese momento el disfrute es compartido.

¿Cuál es la “cocina” de tus historias? ¿Cómo te preparas o preparas la historia para contarla? Como en todas las casas, cada uno tiene sus trucos de “cocina”. Yo empleo la técnica “Patatín, patatán, patatún”. Así bautizó mi hermana los ensayos después de oírme repetir una y otra vez en los ensayos “patatín, patatán patatún” sin parar. Se moría de la risa. Y es que dicho así resulta cómico pero esta técnica, que me inventé, me ayuda mucho. Que es lo que importa. Cuando ensayo le cuento cuentos al Abu. Y aunque hace muchos años que murió, también hace muchos años que le mantengo vivo en la memoria. Antes de contar el cuento hago un trabajo previo de búsqueda e interiorización. Primero leo mucho hasta encontrar el cuento que voy a contar y después lo releo varias veces hasta que soy capaz de reconstruirlo en la mente. Nunca lo memorizo. Si olvido algo del cuento por el camino o no recuerdo una parte de la historia empleo las palabras “Patatín, patatán, patatún” y sigo la historia hasta el final. Y vuelta a empezar. Para ensayar visto ropa cómoda y ando descalza por la habitación. Me gusta sentirme con libertad de movimientos. No hay nada más incómodo para ensayar que unos pantalones que oprimen la cintura o unos zapatos de tacón. Preparo el cuento desde distintos frentes, porque yo además de contar con las palabras y la voz, también lo hago con el gesto.

Contar con aliados (música, dibujos, títeres, objetos...). Tengo una maleta de cuadros que llevo siempre que cuento cuentos. En ella guardo infinidad de objetos mágicos que utilizo a la hora de contar: Un libro objeto, una flauta mágica con un solo agujero, un camello de tela con bolitas de colores, una pulsera de cascabeles, una varita mágica, dos campanitas con cintas amarillas, tres elefantes de cartulina negra, un guante con forma de pez, un mapa antiguo... los objetos y materiales más sencillos son un buen recurso para contar cuentos. Aunque para contar un cuento sólo se necesitan ganas de contar. Pero si además de utilizar la voz y el gesto se hace uso de objetos como libros, marionetas, muñecos, o música, mucho mejor. Hay infinidad de elementos útiles que se pueden emplear a la hora de contar cuentos y que ayudan como apoyo para la historia. Soy de la opinión de que lo que no suma, resta.


¿Qué es la Red Internacional de Cuentacuentos? ¿Cómo surgió el proyecto? Es un proyecto que viene de antiguo. Todos los narradores lo hemos comentado una y mil veces cada vez que nos encontramos en un Festival o en un congreso. Al final alguien lo hace, y los demás se suman encantados. Eso es en parte lo que ha pasado. Lo pensamos e ideamos en Tenerife, entre Enrique Páez y yo. Luego lo comentamos con algunos cuentacuentos amigos de prestigio internacional que conocemos desde hace años, como Alekos y Diego Parra de Colombia, Armando Trejo de México, Alicia Barberis de Argentina, Chema Gómez de Lora en España, Ana Victoria Garro de Costa Rica, Armando Quintero de Venezuela… A todos les pareció estupendo, así que nos pusimos en marcha sin más. Poco después pedimos que se sumaran a la coordinación a Mayra Navarro de Cuba, a Martin Ellrodt de Alemania, y a Geeta Ramanujam de India. Cada uno de ellos en sus respectivos países son pesos pesados de la narración oral, dirigen centros de formación, organizan festivales y publican libros por todo el mundo. Por ponerte un ejemplo significativo: Geeta Ramanujam, nuestra coordinadora en India, ha formado a 49.000 narradores en Kathalaya Storytelling Academy. Estamos muy orgullosos de poder contar con todos ellos.


¿Cómo ves este oficio de vivir del cuento en la actualidad? Es un oficio genial. La felicidad hecha profesión. En broma siempre decimos que lo nuestro es vivir del cuento, aunque sea un tópico que minusvalora o desprestigia el trabajo que hacemos. Con el arte siempre sucede lo mismo: se mezcla disfrute y oficio.

¿Como gremio cuáles serían nuestras prioridades en tu opinión? Son muchas y variadas. Se precisa una escuela oficial de cuentacuentos que forme, investigue y desarrolle la narración oral, tanto para adultos como para niños. Es necesario incorporar los cuentacuentos a los planes de estudio de Magisterio, Pedagogía, Ciencias de la Educación, y formación del profesorado. Necesitamos ayudas para la formación continua e intercambio cultural entre los distintos pueblos, de España y del extranjero. Se necesita recuperar el patrimonio intangible de la oralidad como bien cultural de la humanidad.


Anécdotas a la hora de narrar. Alma me pidió que fuera a su colegio a contar a los alumnos de tres años con motivo de la Semana del Libro. Llegué al colegio con mi sombrero de maga. Los peques se quedaron hipnotizados cuando me vieron entrar en el aula. Al narrar el cuento de ‘Vamos a cazar un oso’ de Michel Rosen, en un momento dado en el que los niños caminaban detrás de mí, les pedí que se protegieran la cabeza porque de la montaña imaginaria estaban rodando piedras y podía caernos alguna encima. Todos los niños imitaron mi gesto de agacharse y cubrirse la cabeza. Todos menos Jaime, que permaneció de pie. “Las cosas que caen del cielo no se llaman piedras”, me aclaró, “se llaman meteoritos”. Me hizo mucha gracia, y después de darle la razón le invité a imitarme. El pequeño regreso al cuento como si tal cosa. Jaime tenía entonces tres años, ahora con seis es todo un fenómeno.


Virginia Imaz
Revista Artez (Revista de las Artes Escénicas)

sábado 31 de octubre de 2009

Cuentos Cósmicos en noviembre


"Cuentacuentos cósmicos", por Beatriz Montero

Lugar: Museo de la Ciencia y el Cosmos (Entrada libre).
Avda. Los Menceyes 70. 38200-La Laguna (Tenerife)

Días: domingos 1, 8 y 15 noviembre

Edades: 6 a 11 años

En el contexto del Año Internacional de la Astronomía, el Museo de la Ciencia y el Cosmos, en colaboración con la Fundación Mapfre Guanarteme, organiza tres sesiones de "Cuentacuentos cósmicos" para niños, los domingos 1, 8 y 15 de noviembre, a las 12h, y a cargo de la narradora Beatriz Montero. Ella se convertirá en la maga Trapisonda contando cuentos. De su maleta mágica saldrán historias cósmicas desde el origen del mundo hasta historias iroquesas de osos que se convierten en estrellas o ladrones que roban princesas a magos para crear las Pléyades.

Beatriz Montero es narradora oral profesional, escritora y coordinadora de la Red Internacional de Cuentacuentos. Ha realizado campañas de animación a la lectura y la cultura contando cuentos en la Biblioteca Nacional, el Museo Arqueológico Nacional, la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, entre otros muchos. Ha participado en diversos Festivales Internacionales de Cuentacuentos en Argentina, México, Cuba, Costa Rica, Canarias y Madrid. Tiene dos novelas infantiles publicadas y relatos de adultos en varias antologías.

viernes 30 de octubre de 2009

En busca de la casa perdida


El 24 de octubre, el día de la biblioteca, lo pasé en Las Palmas muy bien acompañada de bibliotecarias, bibliotecarios y amigos del libro infantil y juvenil. Entre ellos Antonio Rodríguez Almodóvar, Montserrat del Amo, Enrique Páez, Zoraida y su niña guapa, Yaiza con su vestido de flores, Quica, Pilar, Ester, Carlos Guillermo…

Pero antes de que empezara la celebración, unas horas antes de comer la tarta, me di un paseo por el casco antiguo con Enrique Páez y Antonio Rodríguez Almodóvar (que para los que aún no lo sepan se ha incorporado como coordinador de la Red Internacional de Cuentacuentos). El caso es que íbamos buscando la Casa Museo de Pérez Galdós y como no llévabamos mapa, ni encontramos ninguna oficina de turismo abierta preguntamos por la calle. Un policía municipal nos envió a la Catedral con la indicación de que una vez allí preguntásemos por la Casa Museo. Cruzamos la avenida, atravesamos varias calles y en el kiosko que está frente a la Catedral la dependienta nos dijo, sin mucha seguridad, que la Casa Museo estaba al otro lado de la ciudad. Rodeamos la Casa De Colón, el mercado de Vegueta, el Museo Canario, la Plaza de Santa Ana, calle arriba y calle abajo, y no sé cómo, terminamos de nuevo en la Catedral, pero esta vez por la parte trasera.

Sí, un casco muy bonito pero ¿y la Casa Museo de Pérez Galdós? Un albañil con palillo en la boca y el pie apoyado en el martillo hidráulico nos aseguró que la Casa Museo estaba cerca del bar que daba a la plaza del Gabinete Literario (muy cerca de donde preguntamos la primera vez al policía). Regresamos a la plaza, preguntamos en el bar: “¿La Casa de Pérez Galdós?" "¿Péres Galdós?”, el camarero se rascó la cabeza, “Ah, va a ser la Casa que está allí, pasando esa esquina, la segunda a la derecha. Y cuando terminen vengan a visitar mi bar que también es un sitio histórico”.

Doblamos la esquina, contamos dos calles y nos topamos por fin con la Casa Museo de Pérez Galdós, que tenía la puerta cerrada con el cartel: Cerrado por obras hasta mayo de 2010. “Si pone mayo no lo abren hasta septiembre”, afirmó Enrique. “Hasta septiembre del 2013, querrás decir”, dijo Antonio con ese buen humor que tiene. Así que con los pies desechos regresamos a la terraza del bar donde nos habían invitado a volver. “¿Que está en obras?”, se extrañó el camarero. “pero ustedes dónde quieren ir a la Casa o al Museo”. Nos miramos, y sin movernos de las sillas le pedimos “tres cervezas, por favor”. Y brindamos por las bibliotecas y por la Red Internacional de Cuentacuentos.

Casa Museo Pérez Galdós (C/ Cano 2 y 6. Las Palmas de Gran Canaria)

miércoles 21 de octubre de 2009

Ernesto Cardenal y las estrellas

Ayer conocí a Ernesto Cardenal. Me sorprendió su tamaño de duende y su pulso cansado. Claro, son 84 años, me dijo Enrique. Siempre había imaginado que para enfrentarse a gigantes con fusil o con tiara había que ser muy grande. Y el misterio se aclara cuando él dice que todos somos estrellas, y lo dice con la seguridad del que no se siente solo en el cosmos. Y no lo estaba, en la sala del Museo del Cosmos y la Ciencia estábamos más de cien personas calentando con el silencio sus palabras. “La luz cambia de color hacia el rojo”, continuó recitando.

“Todos los elementos de nuestro cuerpo y del planeta
estuvieron en las entrañas de una estrella….
En griego caminante es planetes, así que
habitamos una estrella caminante...
Si en matemáticas son infinitos los números
los pares y los impares ¿por qué no una belleza infinita y un amor infinito?
Es una constante en la naturaleza
la belleza.
De ahí la poesía: el canto y el encanto por todo cuanto existe.
La tierra podría haber sido igual de funcional, de práctica…"

Suenan los aplausos y la mirada de Ernesto Cardenal refleja que aún se necesita mucho trabajo para conquistar el espacio.

lunes 5 de octubre de 2009

Contando cuentos en la Cadena Ser

Hoy lunes 5 de octubre me podrás escuchar contando cuentos en la Cadena Ser

Hora: 18:00 a 19:00h.
Programa: La ventana de Canarias.
Dirige: Jazael Ascanio.

domingo 4 de octubre de 2009

Momentos del cuentacuentos

¡Uy, cuánta gente!


Padres, madres, abuelas, abuelos, niños y niñas sentados por el suelo y al fondo dos despistados que pasaron a ver que se cocía ahí dentro y que se quedaron hasta el final.



Con Violeta, que durante unos minutos fue también caballera de los siete velos.

Irina se apuntó después a la foto. Están guapas ¿verdad?
Si quieres una foto pídemela a beatriz@beatrizmontero.com