
El sol deshizo las manos en sudor. Las gotas traspasaron las hojas caídas, en desorden, sobre el febril suelo de azulejos que evaporaría sus palabras.

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En esta semana pasada se celebró el Día de Canarias por todo lo alto. Sobre todo en colegios e institutos en los que se realizaron entre otras actividades culturales la de cuentacuentos.

De camino a casa, por la autopista, en la curva entre La Orotava y Santa Úrsula hay una casa amarilla con ocho balcones que dan al mar. Está rodeada de un jardín muy grande con una valla publicitaria baja al fondo. Lo curioso es que la valla no publicita nada, solo tiene una frase con letras negras sobre el fondo gris del metal. Se nota que es el propio dueño o dueña quien coloca cada semana una frase nueva.
Acaba de salir editado “Mi primer diccionario de Madrid” de Chema Gómez de Lora y Miguel Tébar, al que me invitaron para escribir el capítulo de “Buenos urbanitas”. Desde aquí les doy las gracias por contar contigo y un ¡hurra! por un diccionario tan bonito.
Acabó la semana del libro de abril, los viajes, las carreras con maleta, los caramelos de menta para la garganta, los cafés para despertar el cuerpo atontado, los nervios en los atascos.
El stress me regaló un herpes labial que me hace besar de lado y pintarme los morros con pomada blanca. Pero me quedo con los aplausos, el vitoreo de “otro, otro”, las risas de los niños, los abrazos espontáneos de los pequeñajos a mis piernas y sus besos dulces con mocos.
Gracias por su confianza y apoyo a los bibliotecarios, profesores, alumnos y peques de:
Y gracias también a la Biblioteca Pública del Puerto de la Cruz de Tenerife por esos dos regalos, la bolsa de tela en la que llevaré a mis muñecos y el libro de rutas de Tenerife con los que me daré paseítos por los lugares recónditos de la isla.
El 21 de abril se inagura la nueva Biblioteca Digital Mundial (WDL) que funcionará en siete idiomas: árabe, chino, español, francés, inglés, portugués y ruso. De forma gratuita se podrá consultar por internet manuscritos, mapas, libros raros, partituras musicales, grabaciones, películas, fotografías, dibujos arquitectónicos y otros importantes materiales culturales.
Los cerezos florecen de finales de marzo a primeros de abril. En Japón, reservan con antelación sitios bajo los cerezos para hacer picnic con la familia y admirar de cerca el manto de flores blancas y rosadas.


Y el emperador desde que se burlaron de él por ir desnudo en el desfile lleva siempre un bañador debajo de su traje real. Por lo que pueda pasar.
Todos te deseamos un FELIZ CUMPLE y que cumplas muchos más.
Hace cuatro días un rayo cayó en la central eléctrica de Caletillas y dejó a toda la isla de Tenerife sin luz. Eran las 11 de la mañana y estaba a punto de guardar en el disco duro los cambios de un nuevo relato cuando me llamó mi padre al teléfono: “Hola, ¿cómo est…?" Y se produjo el apagón. El relato se fue a la mierda.
Tenía mono de pulpo, de verdad. Me moría por comer pulpo. Pulpo cocido con pimentón y aceite. Pulpo. Qué rico. Busqué en internet y leí en una receta de Arguiñano que antes de cocinarlo había que asustarlo tres veces. Así que metí al pulpo en el bolso y me lo llevé al tren de la bruja. Tres vueltas. Las conté, una detrás de otra. Tres. Con tanto escobazo en la cabeza y tanta vuelta acabé mareada. Y cuando me quise dar cuenta el pulpo, el muy canalla, había huido del bolso. De puro susto, digo yo. O para vomitar. Vete a saber. El caso es que le llamé por megafonía. Pero nada, no lo encontré. Volví a casa y calenté dos litros de agua con la esperanza de que el pulpo regresara por su cuenta y me lo pudiera comer de una vez por todas. Y llegó, pero maltrecho. Había perdido un tentáculo en una reyerta callejara por culpa de una sepia. Y allí estaba, en la puerta, abrazado a la sepia.
Fui al médico por un extraño picor en la mano al pincharme con un cactus. Algo sin importancia, me dijo el médico de familia tras examinar mi dedo hinchado. Pero no debió de verlo tan claro cuando me envió al dermatólogo. Quiero una segunda opinión, me aclaró. Y cerró el libro de consultas. Me dieron cita para dentro de un 1 año y 10 meses. Volví a casa resignada. Pero al cabo de un mes regresé al consultorio médico. No solo no se me había ido el picor sino que se había agravado con un sarpullido de manchas blancas por todo el brazo. El médico tras examinarlo a cierta distancia me recetó un corticoide. Intentó tranquilizarme diciéndome que mi vida no corría peligro, y que en 1 año y 9 meses me vería el dermatólogo y todo se solucionaría.Beatriz Montero (La Maga Trapisonda) regresa con sus cuentos y secretos.
Sábado, 7 de marzo a las 11:30h en la Biblioteca Pública de Santa Cruz de Tenerife.
- "Cuentos y secretos de La Maga Trapisonda" por Beatriz Montero.
- Espectáculo de cuentacuentos infantil y familiar.
- Lugar: Sala Polivalente Infantil y Juvenil. C/ Comodoro Rolín, 1. Santa Cruz de Tenerife.
Para ver la programación de la Biblioteca del mes de marzo pincha aquí.
La música no hay quien la pare. Las calles están llenas de policías en tanga, conejitas semidesnudas saltando al ritmo de salsa, osos con cervezas, niños supermanes haciéndose fotos con un Robocop plastificado, reinas montadas en carrozas con grandes plumas de pavo real y brillantina, comparsas a ritmo de tambor, hombres disfrazados de monjas con piernas peludas bajo minifaldas comprimidas. Suenan pitos y panderetas. Al fondo de la calle Castillo, sentadas en un banco de madera, cinco adolescentes vestidas de brujas corean una canción de moda y se colocan pelotas de tenis en los sujetadores. Los cuerpos vibran con la música ente risas, tocamientos y bromas. No hay rincón en el que no te asalten para cortarte un brazo con una espada de juguete o que te lleven la mano hacia unas tetas de plástico.
La música no hay quien la pare. Uno no camina, mueve el cuerpo a ritmo de salsa o rock. El carnaval ha infectado todo el centro de Santa Cruz desde la plaza Weyler hasta la zona marítima. Por todas partes hay improvisadas barras de bar y altavoces escupiendo a todo volumen música. Música que se entremezcla con la del otro altavoz clavado a escasos metros de distancia.
En la plaza de la Candelaria y en la del Príncipe, los grupos de música tocan sin descanso, uno detrás de otro, hasta el amanecer. Todo el mundo va disfrazado. La gente bebe alcohol en vasos de plástico y los chicos mean con descaro en las esquinas, mientras ellas se suben la falda a escondidas tras una amiga.