lunes, 28 de enero de 2008

Cabello de Ángel



Todos tenemos que morir algún día pero algunos no deberían irse tan pronto, o al menos no sin despedirse. Falleció Ángel González, y yo casi no desayuno ese sábado cuando me enteré. Y es que la muerte a veces lanza la guadaña muy rápido, sin consultar.
Fue a través de Antonio como conocí su poesía. Me sujetas el libro -me pidió en el metro. Y mientras Antonio rebuscaba en su cartera yo empecé a leer los poemas. Pasamos por las estaciones de Lavapiés, Sol, Callao, Plaza de España, Ventura Rodríguez, Argüelles y al llegar a Moncloa, Antonio me dio un codazo. Que, ¿me lo devuelves?- me pidió. Sujeté el libro con las dos manos y me negué a dárselo. Hicimos trueque, Ángel González por Toni Morrison.
- Bueno, vale -me dijo a regañadientes.
Todavía estoy en deuda con Antonio por ese regalo. El libro está ya totalmente sobado, subrayado, con esquinas dobladas. Ese año, regalé en los cumpleaños las obras completas de Ángel González, y también cuando no era cumpleaños. A la pobre Alicia Barberis le metí el libro en la maleta sin que llegara a leer ni el título del libro.
Y ahora desde esta humilde habitación, le doy las gracias por haber compartido tan hermosos versos con nosotros. Y le deseo un: Hermoso viaje, maestro.

Largo es el arte; la vida en cambio corta
como un cuchillo
Pero nada ya ahora
-ni siquiera la muerte, por su parte
inmensa-
podrá evitarlo: exento, libre,
como la niebla que al romper el día
los hondos valles del invierno exhalan,
creciente en un espacio sin fronteras,
este amor ya sin mí te amará para siempre.

© Ángel González «Ya nada ahora»
Y continúo con ángeles. Con el ángel que me abraza cada noche con besos. Con el ángel Enrique que me besa con sus manos calientes. Ese ángel que sabe hacer ganchillo con las palabras. Que tiene el blog más rico que he probado. Muchos muakiss a mi ángel.
Aquí os dejo uno de sus microrelatos para un abrir de boca.

Era bajito, le gustaban los bonsáis, las cajas de alfileres, los niños, las pulgas, las cunas y el arroz. Pensó que su vida estaba abocada al fracaso, hasta que descubrió que se llamaba Monterroso.

© Enrique Páez. http://www.enriquepaez.blogspot.com/

2 comentarios:

Enrique Páez dijo...

Jo, qué bonito, muchas gracias, muchos besos para ti.

Y, en nombre de Ángel González, que el pobre no puede abrir la boca: jo, qué bonito, muchas gracias.

Bea dijo...

Gracias a ti por ser.