lunes, 30 de noviembre de 2009

Alzheimer

Pedaleaban con paso de Alzheimer en sus triciclos de plástico. Sin prisa. Habían perdido la noción del tiempo. No sabían cuantas vueltas llevaban dadas a la plaza. “¡Cuántas palomas, vamos a por ellas!", le dijo él por cuarta vez. Ella iba contando del uno al díez las baldosas por las que iban rodando las ruedas de su triciclo. Y al llegar al diez volvía a empezar uno, dos, tres..., porque no recordaba el número once. Rodearon la plaza de nuevo“¡Cúantas palomas, vamos a coger una!”, le volvió a proponer él como si acabara de descubrir a las despistadas aves. "Ocho, nueve, diez- contaba ella- Uno, dos...."

martes, 24 de noviembre de 2009

Crónica de un encuentro (la RIC en la Fnac)

Para los cinco coordinadores de la Red Internacional de Cuentacuentos que íbamos a estar presentes en el fórum de la Fnac en Madrid, la presentación de la RIC empezó un día antes, a las 8:30 de la tarde en el café Comercial de la glorieta de Bilbao, en Madrid. Allí nos encontramos en la barra, con la primera cerveza, Armando Trejo, la piel siempre tostada por el sol del mestizaje, que había aterrizado tres días antes de México DF para colaborar con Un Madrid de Cuento; Martín Ellrodt, desde Alemania otoñal, derrochando energía en tres idiomas (el español es solo su tercera lengua, y lo habla a la perfección), llegado exclusivamente para estar presente en este encuentro; Alekos, el gnomo ilustrador e ilustrado, el acariciador de sombras, que llegó desde Bogotá con escala de siete años en Barcelona; y Beatriz Montero y Enrique Páez, los culpables sin remordimientos, que dejaban atrás las islas de la Atlántida, Tenerife bajo el sol y una Orotava inundada por las lluvias. Nos fuimos a cenar tapas y vino de Rioja, y acabamos en un éxtasis de galletas alemanas (Der Elisenlebkuchen) transportadas desde Nürnberg por Martin. Con café y chupitos de orujo de hierbas a los pies de Daoiz y Velarde, en la plaza del Dos de Mayo.
Al día siguiente, en el fórum de FNAC, fueron llegando algunos amigos y amigas de la Red Internacional de Cuentacuentos: Javier Sagarna y Germán Solís de la Escuela de Escritores de Madrid, Yolanda Sáez del grupo Cuánto Cuento, Victoria Siedlecki, la abuela Ángela, Jota Villaza de Vivapalabra (hay proyectos para estrechar lazos con los narradores de Medellín), Marco Tulio Luna de Petu Teatro "Uno", Irene Vicente Madrigal, Inmaculada de Miguel, Rafa Ordóñez, y muchos más narradores y narradoras de procedencias dispares. También pudimos contactar con representantes de la Casa de América y con el Seminario de LIJ de Guadalajara. Seguro que llegaremos pronto a acuerdos de colaboración necesarios para todos. A las 12 y cinco, con la sala del fórum al completo, comenzó la presentación de la RIC.

Beatriz Montero abrió el turno de intervenciones de los coordinadores excusando la presencia de Mayra Navarro, coordinadora de Cuba, que por problemas familiares tuvo que suspender el viaje, así como la de Antonio Rodríguez Almodóvar, que presentaba a esa misma hora y día su última novela en Palma de Mallorca. Ambos enviaban por correo electrónico besos de silicio a repartir entre todos los presentes y ausentes. Por problemas de distancia y compromisos previos tampoco estuvieron los coordinadores Geeta Ramanujan, Armando Quintero, Alicia Barberis, Ana Victoria Garro, Diego Parra y Benita Prieto, de India, Venezuela, Argentina, Costa Rica, Colombia y Brasil. A todos ellos los echamos de menos, y viceversa, pero a no ser que un banco o un gobierno generoso subvencione el encuentro global, habrá que esperar un tiempo antes de que todos los coordinadores podamos juntarnos alrededor de la misma mesa y al mismo tiempo. De modo virtual lo hacemos con frecuencia gracias a Internet, pero para los amantes de la oralidad inmediata eso no es lo mismo, aunque nos sirve para trabajar en proyectos comunes, claro que sí.

Armando Trejo se refirió a la importancia de la Red como vínculo aglutinador de los movimientos de oralidad en todo el mundo. Gracias a la RIC en Internet podremos conectarnos los narradores desde mil extremos del mundo. Este oficio milenario, la narración oral, debe ser reconocido como un arte más por parte de las autoridades culturales de los diferentes países.

Martin Ellrodt agradeció haber sido contactado por la RIC. Como coordinador de la red de lengua alemana (Alemania, Austria, Holanda, Austria). Aunque pocos saben español en esos países, pero ve muy posible crear eventos comunes y simultáneos entre los distintos países europeos. Martin asegura que la RIC es la primera red que ha unido a narradores de distintos países y distintas lenguas del mundo. Existen muchas redes, pero se quedan en sectores restringidos, y a lo más a narradores de lengua inglesa. EstaRed, de origen hispano, realmente une a los cinco continentes.

Alekos defendió el oficio de la palabra y el gesto, que bebe de la las tradiciones milenarias, pero que ahora se sirve de los nuevos medios cibernéticos y de Internet para su difusión. La RIC es un tejido en el que nos unimos como un hilo por los intersticios de ese tejido. Asegura que Enrique y Bea se quemaron las pestañas conectando a todos los narradores a través de la Red para que en un futuro próximo podamos escuchar a Benita Prieto contar historias en su maravilloso portuñol, a Armando Trejo contando historias del norte de México, a Martin refiriendo leyendas de los gnomos centroeuropeos.

Enrique Páez dijo que aunque la RIC está compuesta de narradores orales profesionales, entre los narradores hay muchas vertientes. Los narradores dependen de su cultura y geografía, y así los narradores japoneses cuentan con ayuda del teatro de papel kamishibai, los narradores africanos narran con bailes y ritmos de tambores, los sudamericanos incorporan la música, los narradores malayos y tailandeses el teatro de sombras, algunos narradores europeos el teatro negro, y los españoles cantigas y romances. No hay compartimentos cerrados y estancos, y sin embargo no es difícil reconocer la diferencia entre narración oral y teatro, mimo, títeres o monólogos. Existen mestizajes, pero también existen rasgos diferenciales. En el turno de ruegos y preguntas se preguntó que cómo se podían incorporar a la RIC los amantes no profesionales de los cuentacuentos, cómo se podría aprender el oficio con cursos dictados por la RIC, y para cuándo una presentación de la RIC en Barcelona. Todas esas preguntas, dijimos, tendrán una respuesta satisfactoria en un futuro próximo, porque esos son objetivos prioritarios de la Red Internacional de Cuentacuentos.

Luego llegó el plato jugoso, un suculento reguero de cuentos cortos narrados, en este orden, por narradores miembros de la RIC:


Sofía Alaínez (Volvoreta) con el cuento “El cuervo” del libro Memoria del fuego de Eduardo Galeano.

Ainhoa Fernández nos deleitó y cantó “El pájaro verde”. Iván Trasgu (Rompenubes) trajo una delicada Fábula de Leonardo de Vinci: "El papel y la tinta".


Iván Trasgu (Rompenubes) trajo una delicada Fábula de Leonardo de Vinci: "El papel y la tinta".




Blanca Castillo se arrancó con unos “Cariños tiernos y espinos fríos”.



Daniel Muñoz (Borrón y cuento nuevo) consiguió doblarnos de la risa con su “Pobre digno”, Nieves Pérez no pudo contar por culpa de la fiebre pero nos acompañó desde la tercera fila con el termómetro debajo del brazo.


Manu Alburquerque nos hizo disfrutar con “La niña y el poeta”, un cuento de Armando Quintero.

Nora Lua narró “La tía Magdalena” un cuento lleno de fuerza.

Alekos con ese duende especial que tiene encandiló con su original forma de contar “El conde Sisebuto”.
Armando Trejo nos hizo una “Sopa de piedra” original y muy divertida.


Martin Ellrodt y su “Caperucita roja” contada en seis idiomas y con una gran variedad de registros que atrapó nuestro interés desde la primera palabra y nos contagió de risas.

Por último Beatriz Montero cerró la sesión con su divertida versión de "La princesa y el sapo" y su inesperado final.

Para cerrar, foto de familia numerosa. Así terminó la primera presentación de la Red Internacional de Cuentacuentos en Madrid. Gracias a todos/as por participar y por acudir a la convocatoria. Esperamos pronto repetir con nuevos cuentos en Barcelona, Sevilla, Valencia, México, Caracas, Bogotá y Buenos Aires. Dadnos tiempo.Abrazos y cuentos para todos, presentes y ausentes.

Fotos cedidas por Manu Alburquerque.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Entrevista en Artez por Virginia Imaz

Gente de palabra: Entrevista a Beatriz Montero
(Artez, Revista de las Artes Escénicas)

“Un verdadero narrador está abocado o condenado a contar historias”

Doce prestigiosos narradores orales y escritores de diez países diferentes coordinados por Beatriz Montero y Enrique Páez han decidido juntar sus voces y su experiencia profesional para lanzar la Red Internacional de Cuentacuentos. Estos nuevos juglares entre los que se cuentan escritores, catedráticos, traductores, periodistas, ilustradores, filólogos, artistas plásticos y actores han tomado por asalto los foros y las webs de Internet para demostrar que la palabra puede y debe traspasar todas las fronteras.


¿Qué es contar para ti? Contar es romper fronteras, comunicar, tender puentes, relanzar la imaginación, recorrer mundos con la palabra, acercarse a distintas culturas a través de sus historias. Contar, ahora igual que hace 30 siglos, es estrechar los lazos entre las personas y los pueblos, diseminar la cultura y abrir la mente a otros mundos.


¿Cuánto tiempo llevas contando profesionalmente? Beatriz Montero lleva ya quince años dedicada en exclusiva a la narración oral. Poco después de terminar la licenciatura de Filología Inglesa empezó a contar cuentos para niños y adultos al tiempo que estudiaba Arte Dramático. Son varios cientos de escenarios con formas variadas: teatro, biblioteca, aula, festival, plaza, hospital o cárcel.


¿Cómo comenzaste? Hay, como en tantos casos, orígenes familiares que ayudan y potencian la vocación del cuentacuentos. Mi abuelo nos contaba cuentos a todos los niños del pueblo, en verano, a las puertas del Mercado. Luego fue mi padre el griott de la familia, y yo he heredado esa vocación, pero ya desde el mundo profesional. Un día escuché por primera vez a una contadora profesional, la cubana Mayra Navarro, y decidí que ese iba a ser mi oficio en el futuro. Hay revelaciones que te llegan como un descubrimiento largamente esperado. Este es uno.

¿Una narradora nace o se hace? Un narrador o una narradora se hace. Definitivamente. Nadie sabe hablar al nacer, de modo que es difícil nacer sabiendo cómo contar cuentos. Qué parte de la genética, los cromosomas y el ADN intervienen en las capacidades y desarrollo de un narrador es difícil de calcular, porque al mismo tiempo que se puede decir sin que exista sombra de duda que un narrador se hace, aprende el oficio, ensaya y mejora con el tiempo a través del aprendizaje, también es verdad que un verdadero narrador está abocado o condenado a contar historias, de un modo u otro. Quizá está premiado con ese don, y no condenado por él, eso dependerá de cómo entienda e interprete su vida. Un narrador auténtico cuenta historias a través de la palabra, y si nace mudo lo hará a través de la música, y si además de mudo es sordo, entonces contará sus historias a través de la pintura o de la escritura.

¿Es posible formarse para contar? ¿Cómo debería ser esa formación? Se puede y se debe formar para contar cuentos, al menos desde el punto de vista profesional. Para contar cuentos a tus nietos no será necesario, porque lo que escasea en técnica se suple con la afectividad y el cariño. Todos los hijos, hijas, nietos y nietas disfrutan doblemente de los cuentos que les cuentan sus padres y abuelos, porque además de la historia con la que disfrutan, hay un cariño que se trasmite a través de esa contada en el mismo momento en que se cuenta el cuento. Eso está bien que sea así, y que sigua sucediendo generación tras generación, sin reglas ni imposiciones.


¿Para quién prefieres contar? (Edades, espacios, idiomas).Para todos, pero por partes. Me explico: me gusta contar para niños de cuatro a siete años, pero junto a ellos no deben estar sentados otros de 10 a 13 años, porque pertenecen a mundos y repertorios diferentes. Me gusta contar para bebés de 0 a tres años, y con ellos tiene que estar el padre, la madre, un tío o una abuela; un familiar cercano. Son cuentos especiales, con música y estructuras repetitivas muy concretas que funcionan incluso con bebés que aún no saben hablar. Pero esos cuentos no pueden ser contados a un público adolescente. Cada edad tiene su cuento. Aunque existen también, inevitablemente, contadas familiares, donde hay público de todas las edades mezclados en la plaza del pueblo, o en un Festival. Para esos espectáculos también hay un repertorio especial.

¿Qué tipo de historias prefieres contar? (De tradición oral, de autor, propias, mitológicas, de humor?). De todo un poco. Nuevamente sucede que en la variación está el gusto. Hay narradores que cuentan sólo para niños, o sólo para adultos, o sólo para mujeres. Eso no está ni bien ni mal: son opciones, y que el abanico sea más o menos amplio no necesariamente tiene que estar acompañado de mayor o menor calidad. Variar de registros al contar frente a distintos auditorios es un privilegio que algunos narradores tenemos y disfrutamos. Algo parecido imagino que le pasa a los actores. Lo importante es disfrutar contando cuentos, porque eso se trasmite al público, y a partir de ese momento el disfrute es compartido.

¿Cuál es la “cocina” de tus historias? ¿Cómo te preparas o preparas la historia para contarla? Como en todas las casas, cada uno tiene sus trucos de “cocina”. Yo empleo la técnica “Patatín, patatán, patatún”. Así bautizó mi hermana los ensayos después de oírme repetir una y otra vez en los ensayos “patatín, patatán patatún” sin parar. Se moría de la risa. Y es que dicho así resulta cómico pero esta técnica, que me inventé, me ayuda mucho. Que es lo que importa. Cuando ensayo le cuento cuentos al Abu. Y aunque hace muchos años que murió, también hace muchos años que le mantengo vivo en la memoria. Antes de contar el cuento hago un trabajo previo de búsqueda e interiorización. Primero leo mucho hasta encontrar el cuento que voy a contar y después lo releo varias veces hasta que soy capaz de reconstruirlo en la mente. Nunca lo memorizo. Si olvido algo del cuento por el camino o no recuerdo una parte de la historia empleo las palabras “Patatín, patatán, patatún” y sigo la historia hasta el final. Y vuelta a empezar. Para ensayar visto ropa cómoda y ando descalza por la habitación. Me gusta sentirme con libertad de movimientos. No hay nada más incómodo para ensayar que unos pantalones que oprimen la cintura o unos zapatos de tacón. Preparo el cuento desde distintos frentes, porque yo además de contar con las palabras y la voz, también lo hago con el gesto.

Contar con aliados (música, dibujos, títeres, objetos...). Tengo una maleta de cuadros que llevo siempre que cuento cuentos. En ella guardo infinidad de objetos mágicos que utilizo a la hora de contar: Un libro objeto, una flauta mágica con un solo agujero, un camello de tela con bolitas de colores, una pulsera de cascabeles, una varita mágica, dos campanitas con cintas amarillas, tres elefantes de cartulina negra, un guante con forma de pez, un mapa antiguo... los objetos y materiales más sencillos son un buen recurso para contar cuentos. Aunque para contar un cuento sólo se necesitan ganas de contar. Pero si además de utilizar la voz y el gesto se hace uso de objetos como libros, marionetas, muñecos, o música, mucho mejor. Hay infinidad de elementos útiles que se pueden emplear a la hora de contar cuentos y que ayudan como apoyo para la historia. Soy de la opinión de que lo que no suma, resta.


¿Qué es la Red Internacional de Cuentacuentos? ¿Cómo surgió el proyecto? Es un proyecto que viene de antiguo. Todos los narradores lo hemos comentado una y mil veces cada vez que nos encontramos en un Festival o en un congreso. Al final alguien lo hace, y los demás se suman encantados. Eso es en parte lo que ha pasado. Lo pensamos e ideamos en Tenerife, entre Enrique Páez y yo. Luego lo comentamos con algunos cuentacuentos amigos de prestigio internacional que conocemos desde hace años, como Alekos y Diego Parra de Colombia, Armando Trejo de México, Alicia Barberis de Argentina, Chema Gómez de Lora en España, Ana Victoria Garro de Costa Rica, Armando Quintero de Venezuela… A todos les pareció estupendo, así que nos pusimos en marcha sin más. Poco después pedimos que se sumaran a la coordinación a Mayra Navarro de Cuba, a Martin Ellrodt de Alemania, y a Geeta Ramanujam de India. Cada uno de ellos en sus respectivos países son pesos pesados de la narración oral, dirigen centros de formación, organizan festivales y publican libros por todo el mundo. Por ponerte un ejemplo significativo: Geeta Ramanujam, nuestra coordinadora en India, ha formado a 49.000 narradores en Kathalaya Storytelling Academy. Estamos muy orgullosos de poder contar con todos ellos.


¿Cómo ves este oficio de vivir del cuento en la actualidad? Es un oficio genial. La felicidad hecha profesión. En broma siempre decimos que lo nuestro es vivir del cuento, aunque sea un tópico que minusvalora o desprestigia el trabajo que hacemos. Con el arte siempre sucede lo mismo: se mezcla disfrute y oficio.

¿Como gremio cuáles serían nuestras prioridades en tu opinión? Son muchas y variadas. Se precisa una escuela oficial de cuentacuentos que forme, investigue y desarrolle la narración oral, tanto para adultos como para niños. Es necesario incorporar los cuentacuentos a los planes de estudio de Magisterio, Pedagogía, Ciencias de la Educación, y formación del profesorado. Necesitamos ayudas para la formación continua e intercambio cultural entre los distintos pueblos, de España y del extranjero. Se necesita recuperar el patrimonio intangible de la oralidad como bien cultural de la humanidad.


Anécdotas a la hora de narrar. Alma me pidió que fuera a su colegio a contar a los alumnos de tres años con motivo de la Semana del Libro. Llegué al colegio con mi sombrero de maga. Los peques se quedaron hipnotizados cuando me vieron entrar en el aula. Al narrar el cuento de ‘Vamos a cazar un oso’ de Michel Rosen, en un momento dado en el que los niños caminaban detrás de mí, les pedí que se protegieran la cabeza porque de la montaña imaginaria estaban rodando piedras y podía caernos alguna encima. Todos los niños imitaron mi gesto de agacharse y cubrirse la cabeza. Todos menos Jaime, que permaneció de pie. “Las cosas que caen del cielo no se llaman piedras”, me aclaró, “se llaman meteoritos”. Me hizo mucha gracia, y después de darle la razón le invité a imitarme. El pequeño regreso al cuento como si tal cosa. Jaime tenía entonces tres años, ahora con seis es todo un fenómeno.


Virginia Imaz
Revista Artez (Revista de las Artes Escénicas)