domingo, 1 de noviembre de 2009

Entrevista en Artez por Virginia Imaz

Gente de palabra: Entrevista a Beatriz Montero
(Artez, Revista de las Artes Escénicas)

“Un verdadero narrador está abocado o condenado a contar historias”

Doce prestigiosos narradores orales y escritores de diez países diferentes coordinados por Beatriz Montero y Enrique Páez han decidido juntar sus voces y su experiencia profesional para lanzar la Red Internacional de Cuentacuentos. Estos nuevos juglares entre los que se cuentan escritores, catedráticos, traductores, periodistas, ilustradores, filólogos, artistas plásticos y actores han tomado por asalto los foros y las webs de Internet para demostrar que la palabra puede y debe traspasar todas las fronteras.


¿Qué es contar para ti? Contar es romper fronteras, comunicar, tender puentes, relanzar la imaginación, recorrer mundos con la palabra, acercarse a distintas culturas a través de sus historias. Contar, ahora igual que hace 30 siglos, es estrechar los lazos entre las personas y los pueblos, diseminar la cultura y abrir la mente a otros mundos.


¿Cuánto tiempo llevas contando profesionalmente? Beatriz Montero lleva ya quince años dedicada en exclusiva a la narración oral. Poco después de terminar la licenciatura de Filología Inglesa empezó a contar cuentos para niños y adultos al tiempo que estudiaba Arte Dramático. Son varios cientos de escenarios con formas variadas: teatro, biblioteca, aula, festival, plaza, hospital o cárcel.


¿Cómo comenzaste? Hay, como en tantos casos, orígenes familiares que ayudan y potencian la vocación del cuentacuentos. Mi abuelo nos contaba cuentos a todos los niños del pueblo, en verano, a las puertas del Mercado. Luego fue mi padre el griott de la familia, y yo he heredado esa vocación, pero ya desde el mundo profesional. Un día escuché por primera vez a una contadora profesional, la cubana Mayra Navarro, y decidí que ese iba a ser mi oficio en el futuro. Hay revelaciones que te llegan como un descubrimiento largamente esperado. Este es uno.

¿Una narradora nace o se hace? Un narrador o una narradora se hace. Definitivamente. Nadie sabe hablar al nacer, de modo que es difícil nacer sabiendo cómo contar cuentos. Qué parte de la genética, los cromosomas y el ADN intervienen en las capacidades y desarrollo de un narrador es difícil de calcular, porque al mismo tiempo que se puede decir sin que exista sombra de duda que un narrador se hace, aprende el oficio, ensaya y mejora con el tiempo a través del aprendizaje, también es verdad que un verdadero narrador está abocado o condenado a contar historias, de un modo u otro. Quizá está premiado con ese don, y no condenado por él, eso dependerá de cómo entienda e interprete su vida. Un narrador auténtico cuenta historias a través de la palabra, y si nace mudo lo hará a través de la música, y si además de mudo es sordo, entonces contará sus historias a través de la pintura o de la escritura.

¿Es posible formarse para contar? ¿Cómo debería ser esa formación? Se puede y se debe formar para contar cuentos, al menos desde el punto de vista profesional. Para contar cuentos a tus nietos no será necesario, porque lo que escasea en técnica se suple con la afectividad y el cariño. Todos los hijos, hijas, nietos y nietas disfrutan doblemente de los cuentos que les cuentan sus padres y abuelos, porque además de la historia con la que disfrutan, hay un cariño que se trasmite a través de esa contada en el mismo momento en que se cuenta el cuento. Eso está bien que sea así, y que sigua sucediendo generación tras generación, sin reglas ni imposiciones.


¿Para quién prefieres contar? (Edades, espacios, idiomas).Para todos, pero por partes. Me explico: me gusta contar para niños de cuatro a siete años, pero junto a ellos no deben estar sentados otros de 10 a 13 años, porque pertenecen a mundos y repertorios diferentes. Me gusta contar para bebés de 0 a tres años, y con ellos tiene que estar el padre, la madre, un tío o una abuela; un familiar cercano. Son cuentos especiales, con música y estructuras repetitivas muy concretas que funcionan incluso con bebés que aún no saben hablar. Pero esos cuentos no pueden ser contados a un público adolescente. Cada edad tiene su cuento. Aunque existen también, inevitablemente, contadas familiares, donde hay público de todas las edades mezclados en la plaza del pueblo, o en un Festival. Para esos espectáculos también hay un repertorio especial.

¿Qué tipo de historias prefieres contar? (De tradición oral, de autor, propias, mitológicas, de humor?). De todo un poco. Nuevamente sucede que en la variación está el gusto. Hay narradores que cuentan sólo para niños, o sólo para adultos, o sólo para mujeres. Eso no está ni bien ni mal: son opciones, y que el abanico sea más o menos amplio no necesariamente tiene que estar acompañado de mayor o menor calidad. Variar de registros al contar frente a distintos auditorios es un privilegio que algunos narradores tenemos y disfrutamos. Algo parecido imagino que le pasa a los actores. Lo importante es disfrutar contando cuentos, porque eso se trasmite al público, y a partir de ese momento el disfrute es compartido.

¿Cuál es la “cocina” de tus historias? ¿Cómo te preparas o preparas la historia para contarla? Como en todas las casas, cada uno tiene sus trucos de “cocina”. Yo empleo la técnica “Patatín, patatán, patatún”. Así bautizó mi hermana los ensayos después de oírme repetir una y otra vez en los ensayos “patatín, patatán patatún” sin parar. Se moría de la risa. Y es que dicho así resulta cómico pero esta técnica, que me inventé, me ayuda mucho. Que es lo que importa. Cuando ensayo le cuento cuentos al Abu. Y aunque hace muchos años que murió, también hace muchos años que le mantengo vivo en la memoria. Antes de contar el cuento hago un trabajo previo de búsqueda e interiorización. Primero leo mucho hasta encontrar el cuento que voy a contar y después lo releo varias veces hasta que soy capaz de reconstruirlo en la mente. Nunca lo memorizo. Si olvido algo del cuento por el camino o no recuerdo una parte de la historia empleo las palabras “Patatín, patatán, patatún” y sigo la historia hasta el final. Y vuelta a empezar. Para ensayar visto ropa cómoda y ando descalza por la habitación. Me gusta sentirme con libertad de movimientos. No hay nada más incómodo para ensayar que unos pantalones que oprimen la cintura o unos zapatos de tacón. Preparo el cuento desde distintos frentes, porque yo además de contar con las palabras y la voz, también lo hago con el gesto.

Contar con aliados (música, dibujos, títeres, objetos...). Tengo una maleta de cuadros que llevo siempre que cuento cuentos. En ella guardo infinidad de objetos mágicos que utilizo a la hora de contar: Un libro objeto, una flauta mágica con un solo agujero, un camello de tela con bolitas de colores, una pulsera de cascabeles, una varita mágica, dos campanitas con cintas amarillas, tres elefantes de cartulina negra, un guante con forma de pez, un mapa antiguo... los objetos y materiales más sencillos son un buen recurso para contar cuentos. Aunque para contar un cuento sólo se necesitan ganas de contar. Pero si además de utilizar la voz y el gesto se hace uso de objetos como libros, marionetas, muñecos, o música, mucho mejor. Hay infinidad de elementos útiles que se pueden emplear a la hora de contar cuentos y que ayudan como apoyo para la historia. Soy de la opinión de que lo que no suma, resta.


¿Qué es la Red Internacional de Cuentacuentos? ¿Cómo surgió el proyecto? Es un proyecto que viene de antiguo. Todos los narradores lo hemos comentado una y mil veces cada vez que nos encontramos en un Festival o en un congreso. Al final alguien lo hace, y los demás se suman encantados. Eso es en parte lo que ha pasado. Lo pensamos e ideamos en Tenerife, entre Enrique Páez y yo. Luego lo comentamos con algunos cuentacuentos amigos de prestigio internacional que conocemos desde hace años, como Alekos y Diego Parra de Colombia, Armando Trejo de México, Alicia Barberis de Argentina, Chema Gómez de Lora en España, Ana Victoria Garro de Costa Rica, Armando Quintero de Venezuela… A todos les pareció estupendo, así que nos pusimos en marcha sin más. Poco después pedimos que se sumaran a la coordinación a Mayra Navarro de Cuba, a Martin Ellrodt de Alemania, y a Geeta Ramanujam de India. Cada uno de ellos en sus respectivos países son pesos pesados de la narración oral, dirigen centros de formación, organizan festivales y publican libros por todo el mundo. Por ponerte un ejemplo significativo: Geeta Ramanujam, nuestra coordinadora en India, ha formado a 49.000 narradores en Kathalaya Storytelling Academy. Estamos muy orgullosos de poder contar con todos ellos.


¿Cómo ves este oficio de vivir del cuento en la actualidad? Es un oficio genial. La felicidad hecha profesión. En broma siempre decimos que lo nuestro es vivir del cuento, aunque sea un tópico que minusvalora o desprestigia el trabajo que hacemos. Con el arte siempre sucede lo mismo: se mezcla disfrute y oficio.

¿Como gremio cuáles serían nuestras prioridades en tu opinión? Son muchas y variadas. Se precisa una escuela oficial de cuentacuentos que forme, investigue y desarrolle la narración oral, tanto para adultos como para niños. Es necesario incorporar los cuentacuentos a los planes de estudio de Magisterio, Pedagogía, Ciencias de la Educación, y formación del profesorado. Necesitamos ayudas para la formación continua e intercambio cultural entre los distintos pueblos, de España y del extranjero. Se necesita recuperar el patrimonio intangible de la oralidad como bien cultural de la humanidad.


Anécdotas a la hora de narrar. Alma me pidió que fuera a su colegio a contar a los alumnos de tres años con motivo de la Semana del Libro. Llegué al colegio con mi sombrero de maga. Los peques se quedaron hipnotizados cuando me vieron entrar en el aula. Al narrar el cuento de ‘Vamos a cazar un oso’ de Michel Rosen, en un momento dado en el que los niños caminaban detrás de mí, les pedí que se protegieran la cabeza porque de la montaña imaginaria estaban rodando piedras y podía caernos alguna encima. Todos los niños imitaron mi gesto de agacharse y cubrirse la cabeza. Todos menos Jaime, que permaneció de pie. “Las cosas que caen del cielo no se llaman piedras”, me aclaró, “se llaman meteoritos”. Me hizo mucha gracia, y después de darle la razón le invité a imitarme. El pequeño regreso al cuento como si tal cosa. Jaime tenía entonces tres años, ahora con seis es todo un fenómeno.


Virginia Imaz
Revista Artez (Revista de las Artes Escénicas)

5 comentarios:

Belén dijo...

Ayer vi un cuenta cuentos para adultos... una maravilla, hacía tanto que no me contaban cuentos!

Besicos

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Qué cierto es que contar es anular las barreras. Enhorabuena por la entrevista.

TIHADA dijo...

HOLA! QUÉ BUENO ENCONTRAR ESTE ESPACIO, Y LO QUE CONTÁS EN LA ENTREVISTA ME ENCANTÓ!
TE MANDO UN ABRAZO!

Anónimo dijo...

Una ET en Euskadi:
Me encantó esta entrevista, me encantó. Alguna ves comente en el blog de Enrique que, en Arg, a las maestras infantiles, durante la formación, no nos permitían leer cuentos, teníamos que narrarlos y usar los recursos que vos contás: la expresión corporal (esencial), y otros elementos atractivos y, desde aquel momento me picó el bichito de narrar (muy de vez en cuando)
Hace poco lo hice en la feria de Asociaciones de Vitoria y me fue muy bien (intenté prepara también un cuento para adultos pero me acojoné a último momento, no estoy acostumbrada, en realidad no lo hice nunca)
Coincido también con vos en mi preferencia: de 3 a 7 años, pero yo creo que sí pueden estar mezcladas las edades, todos podemos disfrutar de un cuento infantil a nuestro modo: sea cual fuere la edad del "oidor"

TU BLOG NO ME DEJA PONER MI URL....SNIF

Inma dijo...

Hola Bea, veo que estás superocupada esta temporada. Solo felicitarte por esa interesante inicitiva que habeis tenido y que tengais mucho éxito, lo mereceis.

Un beso